domingo, 9 de agosto de 2009

Más allá...

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Más allá de la Tierra y del cielo, del tiempo y del espacio, de la ciencia y de los hechos inexplicables…

Más allá del amor y del odio, de la verdad y de la hipocresía, de la humildad y del orgullo, del honor y de la vergüenza, de la felicidad y de la tristeza…

Más allá de las leyendas, de las religiones, de las críticas, de las opiniones y de las teorías humanas...

Más allá del éxito o del fracaso, de la miseria y la riqueza, de la aceptación y del rechazo…

Más allá de cada mundo y entorno personal visible y palpable existe una realidad paralela -inalcanzable para los cinco sentidos que conocemos- donde un conjunto de seres extraordinarios se rigen bajo las órdenes de dos señores. Mostrarnos pasivos ante esta realidad sólo hace que nos convirtamos en actores de nuestras propias vidas y que desconectemos de la VERDAD para sumergirnos en “Matrix” durante un período de tiempo tan limitado y frágil que puede terminar en un abrir y cerrar de ojos.



“Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte , ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”

Romanos 8: 38-39

lunes, 18 de mayo de 2009

Puntos de vista

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Una casa sigue siendo la misma casa a pesar de que algunos la puedan ver únicamente desde arriba, otros desde un sólo lado, que otros simplemente le den la espalda y no la puedan ver (aunque quieran sin la molestia de girarse), y que hasta haya personajes que lleguen a ponerse unas gafas tan variopintas que al final la casa se pierda entre los diversos colores y formas de las lentes a través de las cuales la pretendían observar. Lo que todos esos individuos, que querían ver la casa, tienen en común, es que ninguno de ellos ha podido verla entera desde su propia perspectiva... siempre les faltará información visual, pero aún así la casa sigue estando al completo.

Hay situaciones en la vida de todo cristiano en la cual es inevitable que las dudas vengan a la cabeza... dudas trascendentales y verdaderamente inquietantes para aquellos que se echarían las manos a la cabeza si se dijeran en voz alta (aunque seguramente también se las hayan planteado ellos mismos). Por ejemplo, realmente ¿existe Dios? ¿todo lo que se dice en la Biblia es real o es un simple cuento chino más que se narra para que podamos dormir tranquilamente en esta vida llena de sufrimiento con la esperanza de que habrá algo mejor?


Los medios de comunicación, libros (incluyendo los de texto de las instituciones escolares), películas, el entorno académico, laboral e incluso familiar... todo aquello que nos influye, rodea y bombardea... una corriente de agua que golpea en nuestra cara constantemente como si de contínuas bofetadas se tratara, sin tener un instante para coger el aire necesario y así poder respirar, hace que lleguemos a la conclusión de que quizá estemos equivocados ante el planteamiento que hemos tenido hasta el momento con respecto a la vida y que no merezca la pena continuar luchando contracorriente.

Cada vez que todo esto pasa por mi cabeza, la respuesta viene en seguida al pensar en las fuentes que me aseguran que todo en lo que creo es una locura, que nada tiene lógica y que es imposible... es entonces cuando caigo en la cuenta en que esta vida es una locura, que nada en ella tiene lógica y que en sí misma es imposible de que exista... pero ahí está, aquí estamos; en un pequeño planeta en medio de una infinita nada donde los precarios conocimientos llamados científicos pretenden dar explicación a verdades desconocidas para el ojo humano.

Al no coincidir con las ideologías y filosofías de la mayoría de los mortales ¿somos lo que somos porque hemos sido influidos por otros "raritos", porque nos "han lavado el cerebro" o porque simplemente a nosotros nos sirve? No... no se trata de algo subjetivo, no es una respuesta psicológica para responder con una esperanza al dolor ,ni tampoco debería ser la actitud de un "autómata" la que nos caracterizase... ¡razonemos entonces!

La realidad de cada individuo es subjetiva, los seres humanos son más o menos libres para elegir su visión de la vida, pero la verdad... la verdad es como la casa que mencionaba al principio, no está determinada por los puntos de vista de cada persona puesto que sigue estando ahí sin modificarse ni siendo influida por nuestra perspectiva, por mucho que nos empeñemos.

La pregunta es ¿desde qué punto de vista estamos viendo la casa?

sábado, 4 de abril de 2009

El control incontrolable

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Al viajar en avión, me causa una gran inseguridad el hecho de no estar en contacto con la tierra. Por el contrario, cuando estoy al volante del coche es distinto, creo tenerlo todo bajo control (aunque sólo sea "aparentemente). Pero si me paro a pensarlo, soy consciente de que corro un mayor peligro conduciendo casi todos los días por la autovía que volando en un avión veces contadas al año... por lo menos eso demuestran las estadísticas. Aún así, parece ser que mi cuerpo no acaba de someterse a la razón y sigue teniendo ese nudillo en el estómago a la hora del despegue, aterrizaje o de alguna turbulencia.
De la misma manera creemos tener toda nuestra vida bajo control, "nuestro" control. En el momento en el que algo no sale como hemos deseado o esperado y se nos escapa de las manos viene la frustración, el enfado o las constantes preguntas de "por qué". La verdad es que el "control" que el ser humano se ha creado en sí mismo es muy absurdo...
Cuando me asomo por la ventanilla del avión y veo todos los edificios, casas, estadios, piscinas, coches, etc. al mismo tamaño que un lego, escucho una especie de "chivatazo" diciendo que nada, absolutamente nada está a nuestro alcance (¡y se hizo la luz! "bombillita"). No nos han preguntado cuando nacemos, si queremos vivir y tampoco si después queremos morir. No puedo decidir no morir nunca en esta Tierra.
El mundo vive con dos visiones totalmente opuestas y paradójicas. En la primera: ve el vaso medio vacío, es decir, esta vida es la que hay, no esperes nada más porque vivirás amargado pensando en algo mejor y te frustarás; en consecuencia obtenemos la segunda visión: el vaso medio lleno, es decir, carpe diem vivela a tope da igual las consecuencias, ya te preocuparás cuando lleguen...bueno, eso sino la palmas en el intento. Pero en ambas percepciones, el ser humano es el centro del todo, es "lo más de lo más", y por ello tiene derecho a todo lo que le plazca; se produce el olvido fácil de la fragilidad y del tamaño "lego" (si nos miran desde arriba) que poseemos.
Todo esto me hace admirar más la misericordia de Dios. A pesar de la altivez y la falsa seguridad que muchas veces pretendemos demostrar (haciéndolo más patético si cabe) al conocer nuestra verdadera identidad de "mini-muñecos lego de cristal", el de arriba se ha molestado en salvarnos ya no sólo con su muerte física sino con la carga de todas las veces que le hemos negado y girado la cara, creyendo con nuestra cabezonería que tenemos en las manos el volante de la vida, que la podemos conducir con seguridad hacia donde queramos y encima exigirle a Dios que nos asfalte las callejuelas por las que nos apetece pasar.



domingo, 15 de marzo de 2009

Los invisibles

angel

Hay unos seres que nos acompañan en silencio a lo largo de toda nuestra vida; algunos para bien y otros para mal... sin embargo están ahí y no los podemos ver; pero ¿por qué? Muchos piensan que es por el simple hecho de que no están ya que la “lógica humana” nos dice aquello de que “si algo no se ve, simplemente no existe”. ¿Acaso es un raciocinio con un sentido objetivo?
Estoy segura de que Dios no es un mago, es decir, no tiene una varita que convierte a los ángeles en invisibles a nuestros ojos, debe de ser algo más impresionante que ese rollo barato de la magia. No tengo una respuesta concreta, pero si el “jefe” ha creado la ciencia y sus leyes, por las cuales se rige tanto la Tierra y su naturaleza como todo lo que se mueve por el espacio exterior, ¿por qué iba a usar métodos enigmáticos y mágicos?
Como ejemplo tenemos el sistema auditivo del ser humano. Nuestro oído no capta señales con frecuencias menores a los 20 Hz o mayores a los 20 kHz, pero aún así sabemos que existen dichos sonidos. Lo que viene a significar que nuestras limitaciones no determinan su existencia.
Hace tiempo dimos en clase el comportamiento del ojo humano ante la luz y el color; fue entonces cuando me enteré de que los colores no existen. El color es una sensación que envía el ojo a nuestro cerebro cuando capta la luz (que es una onda) en diferentes longitudes. Conclusión: nuestros sentidos no son fiables para determinar la presencia de algo.
Por lo tanto, ¿puede que haya un fundamento científico que explique la invisibilidad de los ángeles que quizá se base en las ondas lumínicas y que justo sean de una naturaleza inalcanzable para nuestros ojos? ¿Puede que todos nuestros sentidos en general tengan unas limitaciones (como las del oído) por las cuales no podamos captar nada más allá de las mismas?
Más de uno pensará que son cuestiones absurdas que no van a ninguna parte…quizá sea verdad, aún así me gusta darle al coco y no conformarme con el “si porque si”. Hoy no lo entiendo, y seguro que este misterio no tenga una explicación válida que se le pueda atribuir en esta vida, pero estoy convencida de que el Dios que conozco es un Dios racional y en cuanto lo veamos nos sorprenderán sus explicaciones sobre el trasfondo que toda su creación esconde más allá de lo mínimo que podemos percibir por ahora.

lunes, 9 de marzo de 2009

¿Natural o sobrenatural?

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¿Alguna vez os habéis preguntado dónde está la línea que separa lo natural de lo sobrenatural? En realidad, ¿existe este tipo de línea? Y si la hay, ¿quién la predispone?
Entiendo que lo “natural” puede ser aquello que responde a la lógica humana, algo que está científicamente comprobado y que atiende a las experiencias vividas por las personas, y lo “sobrenatural” todo lo contrario, aquello que es humanamente inexplicable, y que en la mayoría de los casos no es algo creíble.
Si desde pequeñitos hemos visto que la luna, el sol y las estrellas permanecen siempre más allá de la atmósfera terrestre flotando en el espacio, lo asociamos como algo natural. Pero ¿es verdaderamente natural? ¿Sabemos con todo lujo de detalles porque esos cuerpos celestes andan por el espacio y justo permanecen “intactos” los necesarios para nuestro planeta? Igualmente sucede con la muerte, se conoce como “parte de la vida” por la experiencia común, pero nadie logra razonarla, ¿es algo natural o sobrenatural?
Por otra parte si nos referimos a la presencia de ese ser superior llamado Dios, decimos automáticamente que se trata de algo sobrenatural. Pero si Dios creó todo aquello que conocemos como natural, ¿por qué sería su existencia algo sobrenatural?
Por lo tanto, puede que nuestra forma de percibir si algo es natural o sobrenatural dependa exclusivamente de una visión subjetiva, común a todos los seres humanos, sobre lo que nos rodea a lo largo de nuestra existencia en la Tierra. Si por ejemplo, en vez de andar hubiéramos nacido con la capacidad de volar, el volar sería natural y el andar, sobrenatural.
Entonces, ¿es correcto utilizar los términos “natural” y “sobrenatural”? ¿O su uso está sobrevalorado por el limitado conocimiento y experiencia humana? Personalmente creo que, sólo en la suposición de que tuviéramos todo el conocimiento objetivo de la verdad que nos rodea tendríamos el derecho de determinar las cosas terrenales y no terrenales como naturales. Pero como reconozco aquello de “yo sólo se, que no se nada” entiendo que lo sobrenatural abarca desde la célula más pequeña hasta la Tierra en su conjunto; a Dios (la vida) y a la muerte… aunque bueno, esto se trata de una simple opinión.

domingo, 1 de marzo de 2009

El miedo a la soledad

freeee

En más de un encuentro o campamento he jugado a la “ensalada”. Se trata de un juego en grupo que consiste en ponerle a cada uno de los asistentes un nombre de un ingrediente de ensalada; pero esos ingredientes se repiten, es decir, hay un grupo de personas que tiene el nombre de lechuga, otros el del tomate, otros el de la cebolla, etc. Por ejemplo, cuando el moderador de la velada decía en voz alta “grupos de cinco” teníamos formar parte de un grupo de cinco del mismo ingrediente al nuestro; si yo era un tomate tenía que buscar un grupo de cuatro “tomates”, aquella persona que se quedara sin grupo automáticamente se descalificaba; por eso se armaba mucho revuelo, nadie quería salir del juego, así que íbamos como locos de un lado hacia otro buscando a un grupo de “tomates” o “lechugas” gritando cada uno su ingrediente en voz alta para ver si aquellos a los que necesitabamos nos escuchaban entre tantos gritos, idas y venidas… a última hora alguno que otro hacía trampa cambiando su ingrediente para poder ser aceptado en el grupo.

Así es como compararía la desesperación que se tiene cuando uno no sabe estar solo. Un simple juego como éste me recuerda a lo “básicos” que podríamos llegar a ser si nos dejáramos dominar por el “instinto” como si se tratara de buscar lo que sacia nuestra necesidad sin ningún tipo de elección sensata centrados únicamente en la obsesión de no quedarse solo y de querer formar parte de algo o de alguien. Esta forma de ver la vida hace que no se tenga el mejor criterio a la hora de elegir con quien o con quien no compartimos parte de nuestra vida, porque sometidos a una presión dominada por el miedo se llega al punto del conformismo y de estar por estar.
Dicen que “mejor solo que mal acompañado” pero este refrán cada vez tiene menos sentido porque parece que hoy por hoy a casi nadie le importa estar mal acompañado con tal de no estar solo. Y ese “mal acompañado” al que me refiero no tiene por qué ser mala gente, sino que quizá no sea la más compatible o propicia para nosotros.
Hace poco escuché en una predicación que uno de los mayores miedos que suele tener el ser humano (sino el mayor) es el miedo a la soledad. Dios mismo dijo aquello de: “no es bueno que el hombre esté solo”, pero a lo largo de nuestra historia “alguien” se ha encargado de dar un giro de 180 grados al verdadero objetivo que tenían estas palabras y en vez de ser algo que nos ayude a meditar y reflexionar más con quien debiéramos compartir nuestro tiempo lo hemos utilizado como excusa para la desesperación de hacernos creer a nosotros mismos de que no podemos sobrevivir sin que alguien esté constantemente a nuestro lado.
Seguramente habréis oído eso de que las mayores locuras son las que se hacen por amor, pero personalmente creo que las mayores locuras son las que se hacen por el pánico a la soledad. Lo que estoy diciendo se puede aplicar tanto a las relaciones de amistad como a las de pareja, pero quizá sea más fácil de entender si lo aplico con respecto lo segundo. Desgraciadamente este tipo de reacción frente a la soledad la veo cada vez más patente dentro del entorno cristiano y tengo que decir que me sorprende bastante, puesto que a pesar de saber (por lo menos en teoría) de que la soledad no tiene nada que ver con tener o no tener a alguien físicamente al lado y que lo único que importa es reconocer que el que nos da la verdadera compañía es Dios, se sigue el rol de esta sociedad quien nos asegura que para no ser un “rarito” o una “rarita” se debe de tener pareja a toda costa haciendo “trampas” si es necesario, como en el juego que he mencionado al principio, aunque tengamos que dejar de ser quienes verdaderamente somos para no estar solos.
Soy consciente de que estamos diseñados para compartir la vida con alguien; que estar con la persona adecuada puede hacer de nuestro paso por esta Tierra algo más llevadero. Por eso creo que se trata de una decisión demasiado importante como para someterla a una presión de miedo y desesperación que desemboque en una búsqueda obsesiva. En primer lugar, hay que dejar de buscar a “otro” para poder encontrarnos a nosotros mismos, para así poder encontrarnos con Dios. Una vez que se llega a ese punto nos debería de preocupar tanto las cosas del cielo que el resto no nos importara dejarlo en Sus manos y puede que sea entonces cuando “el de arriba” ponga en nuestro camino a esa personita que nos endulce la vida.

“Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”
Mateo 6:33

martes, 24 de febrero de 2009

Los inmortales moribundos

leyendo
Un grupo de pacientes entra en la sala de espera de una consulta médica y se sienta tranquilamente. Mientras esperan interactúan entre ellos comentando sus problemas de salud que les ha llevado hasta allí y sobre el médico tan prestigioso que les va a atender. El tiempo pasa lentamente y algunos comienzan a centrarse más en el hecho de esperar que en la necesidad de curarse, por eso deciden ojear las revistas del corazón que están en la mesita central de la sala. Cada vez son menos los que siguen esperando pacientemente al médico; más de uno se deja llevar por las continuas llamadas de atención que les hacen otros que decidieron leerlas asegurándoles que no tenían nada mejor que hacer para matar el tiempo. Están tan embelesados con ellas que ni tan siquiera se percatan de que la puerta de la consulta se abre. El médico entra en la sala y comienza a nombrar a los pacientes que se encuentran en la lista, los que han permanecido atentos se levantan inmediatamente al escuchar su nombre, el resto sigue observando las fotografias tan llamativas de los famosos desdeñando la presencia del doctor habiendo pasado por la sala de espera para nada.
Parece absurdo ¿verdad? Ir a una sala de espera para después no entrar en la consulta del médico... pues algo parecido pasa con nosotros. Con el paso del tiempo hemos decidido centrarnos en las "revistas", es decir, en todo aquello que nos entretiene, desde el estrés del trabajo y los estudios hasta las muchas alternativas de ocio que se nos ofrecen en la "sala de espera" (el mundo) sin tener en cuenta de que allí estamos simplemente de paso.
Lamentablemente el objetivo de muchos ha cambiado de sentido, ya no se trata de esperar al médico y vivir, sino de ignorar la enfermedad, es decir, la muerte, y simplemente sobrevivir sin aspirar a algo mejor.
Para ello se utilizan las series y películas de ficción donde los protagonistas se mantienen intactos con apenas un rasguño en la cara tras haber sufrido 15 accidentes de tráfico y 30 intentos de asesinato, al puro estilo James Bond, (para que los espectadores se sientan identificados y crean que verdaderamente es posible ser "inmortal"), las drogas, el sexo, y todas las formas posibles que nos evada de la realidad triunfan como nunca, también se inventan mil teorías filosóficas y científicas, después de todo, echar por tierra la existencia de un Dios es lo "lógico" y lo "racional"; se dice que el ser humano es un crack y autosuficiente, que Dios es una invención seguida por unos pocos débiles ignorantes que no pueden afrontar la cruda realidad porque les han lavado el cerebro (¡esta última frase cuantas veces la habré escuchado!).
Pero he aquí un gran dilema, ninguna de estas evasiones y teorías nos salva de que algún día dejemos de respirar, nadie sabe con total certeza qué le espera después de pasar por el hoyo, simplemente quedan los restos de opiniones personales y un mar de preguntas sin respuesta; el hecho de que grandes pensadores y científicos de los últimos siglos no hayan sido capaces de afrontar este gran misterio produce una enorme laguna en la opinión social sobre la muerte
... todo sea por negar la existencia de un ser superior.
Se teme hablar del misterio por excelencia ya que de inmediato viene a la mente una de las cuestiones más comunes ¿qué hay después de todo esto?, lo que conlleva filosofar sobre el sentido de la vida humana llegando al punto de plantearse la existencia de Dios, pero no interesa, porque contrariamente a lo que se pretende vender en los medios de comunicación de la sociedad occidental, la valentía de defender el libre pensamiento en estos tiempos brilla por su ausencia. Así que muchos suelen afirmarse a sí mismos que tras esta vida de constantes contradicciones e injusticias no hay nada.
Asegurar que Dios existe no está de moda, asegurar que Dios existe es aceptar las burlas de muchos que creen tener la verdad absoluta sin haberse molestado en buscarla.
Aceptar la existencia de
Dios y ser consecuente con ella es ir contracorriente aceptando de que no seremos aceptados en el mundo teniendo una perspectiva de la vida que va más allá de nuestros cinco sentidos, que va más allá de la muerte...

"Enseñanos de tal modo a contar nuestros días, que entre la sabiduría en nuestro corazón"
Salmos 90:12

miércoles, 18 de febrero de 2009

La coherencia

buenomao
"Ahora empieza el auténtico debate, el de la coherencia, que todo el mundo piense lo que quiera, pero que actúe en consecuencia. Por lo tanto, punto y final a la hipocresía. Por ejemplo: si soy pacifista jamás tendría acciones o admitiría entrar en un negocio de armamento. Otros son del Opus Dei, y es lógico que no quieran participar en un negocio de preservativos. ¿Se entiende o no? Esto es coherencia. Sugiero que ningún empresario de prensa, radio o televisión se lucre con programas, artículos, fotos o anuncios publicitarios que vayan en contra de sus principios morales; que ningún político, banquero, religioso o empresario predique una cosa y practique la contraria; no se puede estar en misa y recaudando. Pero todo el mundo tiene derecho al arrepentimiento" J. Sardá

Si como cristianos no somos capaces de actuar aceptando los consejos de Dios sino que justificamos nuestras faltas y seguimos cometiéndolas conscientemente y las hacemos parte de nuestra forma de vida, el hecho de decir que se es creyente carece totalmente de sentido. Porque Dios no son leyes, normas, apariencias o prohibiciones. Dios es una forma de vida libre, consecuente y transparente a sus ojos; con pecado si, porque somos seres humanos y tenemos defectos, pero sabiendo que el arrepentimiento es el único camino al perdón y no la autojustificación. Porque a los ojos del Señor tiene más mérito que un ateo sea consecuente con sus principios que una persona se llame cristiana y no lo sea con los suyos.
Dentro de nuestros defectos intentemos ser sinceros y abiertos a saber reconocerlos y a arrepentirnos, porque podemos engañarnos a nosotros mismos y a los demás pero es imposible engañar a Dios.

"El hombre de doble ánimo es inconstante en sus caminos" Santiago 1:8

Gracias

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Gracias por nacer y vivir, por creer en Dios y sonreir, por perdonar y ser coherente con tus principios, por ser paciente y diferente cuando nadie quiere serlo, por ser humilde y continuar en Su camino, por pensar antes de actuar y descubrir la verdad por ti mism@, por ser sincer@, por no cambiar lo bueno y cambiar lo "menos bueno", por escuchar a los demás y darlo todo, por tener en primer lugar al Señor, por no llamar la atención y aun así destacar, por viajar junt@s y las experiencias vividas, por divertirte con una simple amistad y habernos conocido, por no pensar igual que yo y seguir a mi lado...
....por ser tu mism@, por ser mi amig@...

Para tod@s aquell@s que os sintáis aludidos ;)