domingo, 1 de marzo de 2009

El miedo a la soledad

freeee

En más de un encuentro o campamento he jugado a la “ensalada”. Se trata de un juego en grupo que consiste en ponerle a cada uno de los asistentes un nombre de un ingrediente de ensalada; pero esos ingredientes se repiten, es decir, hay un grupo de personas que tiene el nombre de lechuga, otros el del tomate, otros el de la cebolla, etc. Por ejemplo, cuando el moderador de la velada decía en voz alta “grupos de cinco” teníamos formar parte de un grupo de cinco del mismo ingrediente al nuestro; si yo era un tomate tenía que buscar un grupo de cuatro “tomates”, aquella persona que se quedara sin grupo automáticamente se descalificaba; por eso se armaba mucho revuelo, nadie quería salir del juego, así que íbamos como locos de un lado hacia otro buscando a un grupo de “tomates” o “lechugas” gritando cada uno su ingrediente en voz alta para ver si aquellos a los que necesitabamos nos escuchaban entre tantos gritos, idas y venidas… a última hora alguno que otro hacía trampa cambiando su ingrediente para poder ser aceptado en el grupo.

Así es como compararía la desesperación que se tiene cuando uno no sabe estar solo. Un simple juego como éste me recuerda a lo “básicos” que podríamos llegar a ser si nos dejáramos dominar por el “instinto” como si se tratara de buscar lo que sacia nuestra necesidad sin ningún tipo de elección sensata centrados únicamente en la obsesión de no quedarse solo y de querer formar parte de algo o de alguien. Esta forma de ver la vida hace que no se tenga el mejor criterio a la hora de elegir con quien o con quien no compartimos parte de nuestra vida, porque sometidos a una presión dominada por el miedo se llega al punto del conformismo y de estar por estar.
Dicen que “mejor solo que mal acompañado” pero este refrán cada vez tiene menos sentido porque parece que hoy por hoy a casi nadie le importa estar mal acompañado con tal de no estar solo. Y ese “mal acompañado” al que me refiero no tiene por qué ser mala gente, sino que quizá no sea la más compatible o propicia para nosotros.
Hace poco escuché en una predicación que uno de los mayores miedos que suele tener el ser humano (sino el mayor) es el miedo a la soledad. Dios mismo dijo aquello de: “no es bueno que el hombre esté solo”, pero a lo largo de nuestra historia “alguien” se ha encargado de dar un giro de 180 grados al verdadero objetivo que tenían estas palabras y en vez de ser algo que nos ayude a meditar y reflexionar más con quien debiéramos compartir nuestro tiempo lo hemos utilizado como excusa para la desesperación de hacernos creer a nosotros mismos de que no podemos sobrevivir sin que alguien esté constantemente a nuestro lado.
Seguramente habréis oído eso de que las mayores locuras son las que se hacen por amor, pero personalmente creo que las mayores locuras son las que se hacen por el pánico a la soledad. Lo que estoy diciendo se puede aplicar tanto a las relaciones de amistad como a las de pareja, pero quizá sea más fácil de entender si lo aplico con respecto lo segundo. Desgraciadamente este tipo de reacción frente a la soledad la veo cada vez más patente dentro del entorno cristiano y tengo que decir que me sorprende bastante, puesto que a pesar de saber (por lo menos en teoría) de que la soledad no tiene nada que ver con tener o no tener a alguien físicamente al lado y que lo único que importa es reconocer que el que nos da la verdadera compañía es Dios, se sigue el rol de esta sociedad quien nos asegura que para no ser un “rarito” o una “rarita” se debe de tener pareja a toda costa haciendo “trampas” si es necesario, como en el juego que he mencionado al principio, aunque tengamos que dejar de ser quienes verdaderamente somos para no estar solos.
Soy consciente de que estamos diseñados para compartir la vida con alguien; que estar con la persona adecuada puede hacer de nuestro paso por esta Tierra algo más llevadero. Por eso creo que se trata de una decisión demasiado importante como para someterla a una presión de miedo y desesperación que desemboque en una búsqueda obsesiva. En primer lugar, hay que dejar de buscar a “otro” para poder encontrarnos a nosotros mismos, para así poder encontrarnos con Dios. Una vez que se llega a ese punto nos debería de preocupar tanto las cosas del cielo que el resto no nos importara dejarlo en Sus manos y puede que sea entonces cuando “el de arriba” ponga en nuestro camino a esa personita que nos endulce la vida.

“Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”
Mateo 6:33

6 comentarios:

  1. OLE!!!! eso es un jarro de agua fria para los que tenemos parejas asiduamente?? :D Sabes lo que pienso al respecto y tienes toda la razon, pero yo le saco mas partido al concepto generico de la soledad, no solo pareja, sino cualquier persona o cosa que hacemos distraer cualquier momento muerto de nuestros dias y no lo dedicamos a pasar esos preciosos minutos para estar con nuestro Creador, que al fin y al cabo es el que hara que nunca sintamos esa soledad. Muchas veces estamos aguantando gente que "creemos" querer y simplemente no nos damos cuenta de la liberacion de quitarnoslas de encima al no estar en nuestras vidas y darte cuenta del refran que si que es cierto "Mas vale solo que mal acompañado", Que Dios nos de sabiduria para saber cuales son esas malas compañias!! Un besote compañera!!

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  2. jaja es un jarro de agua fria para todos incluyendome a mi la first porque parece fácil de decir pero a la hora de la verdad, a ver quien es el que termina por decidir estar solo antes que "mal acompañado"... y si, of course que se puede aplicar en general pero queria centrarme en el de pareja en concreto porque quizá sea el que mas tira con respecto a la dependencia... creo que se da demasiado por sentado de que Dios no quiere que nos quedemos solos y con esa excusa parece que cualquier compañia sea válida. Gracias por tu aportación, y que Dios nos abra los ojos para saber cuales son las buenas compañias ;) un besote pedorra ;)

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  3. bib, me has encandilao..
    que manera de escribir niña!! :D
    y cuanta razón llevas.. la parte que más nos pica es lo de las parejas, porque uno se cansa de ver a los demás "emparejaos", aunque no siempre bien emparejados..
    pero también a veces nos dejamos llevar por las amistades y no sabemos poner freno a aquellas que son perjudiciales, aunque simpaticas y divertidas..
    Cómo decís, Dios nos ayude!!

    besos

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  4. Bibi!

    Otra lección que se puede sacar de tu escrito es lo siguiente:

    Mucha gente que es lechuga, sabe que es lechuga porque sus padres ya eran lechuguinos, y porque se siente lechuga las 24h del día... a veces en el juego de la vida decide ser remolacha, porque el granate le pone o porque le interesa socialmente, o por una chica (o chico) y va a tope por la vida simulando ser remolacha, cuando es una lechuga, con sus pros y contras. Eso lleva a problemas, cuando uno es de una manera y se maquilla para ser de otra está siendo artificial, y a la larga lo pagará. Nos ha pasado, y sigue ocurriendo, a casi todos. A veces nos desconocemos o aún conociéndonos nos disfrazamos de lo que no somos para agradar a según qué persona o para sentirnos distintos y disimular los puntos oscuros de nuestra personalidad.

    Qué difícil es ser consecuente y tirar adelante con los que Dios nos dió, que es mucho.

    Nada, que me gustó mucho tu escrito, ya lo sabes.

    Abrazote y feliz sábado, finde y vida en general.

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  5. Pues lo has bordao'! y si la verdad es que cuesta bastante reflejar únicamente lo que somos sin ningún tipo de "maquillaje"; más que nada porque siempre saldrá el "lechuguino" que llevamos dentro, así que supongo que lo mejor es no andarse con rodeos y ser auténticos y transparentes con ayuda de aquel que está "arriba", nos evitaremos muchos problemas y seguramente seremos más felices!!
    buenas palabras! and happy sabbath!!

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  6. FER R. (que no tiene cuenta y no puede escribir) compartamos tu sabiduría XD:

    Bibi, lechuga, tomate, o pepino, convengamos que una ensalada de un solo vegetal no es muy apetitosa, aunque para gustos no hay nada escrito. Yo tenia una amiga que no aguantaba el silencio. Estaba conectada todo el tiempo a sus cascos, y cuando llegaba a la casa prendia la TV o ponia musica a todo volumen. No se si seria miedo a escuchar algo que no queria o a escucharse a ella misma. Quien sabe. Pero en el tema de relaciones creo que pasa lo mismo, cuando los cambios de pareja superan a los cambios de ropa interior, y cuando la soledad y el miedo a encontrarse a uno mismo nos paralizan y nos hacen manotear lo primero que pasa. Como vos decis, Dios nos hizo seres gregarios, y en las relaciones con los demas es como demostramos que El existe y que tiene poder, pero si no podemos relacionarnos con El primero, si no podemos escuchar su voz en el silencio de un encuentro personal y real, muy dificilmente (si no imposible) podremos discernir con quien estar. Gracias por hacernos pensar. Pero ya esta, basta de ejercicio mental y a hacer algo, no? Me voy a buscar por internet a ver si encuentro a alguna sola desesperada como yo. Chau.

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