viernes, 29 de octubre de 2010

Tu otro Yo



Hace algún tiempo, y con motivo de un programa especial para la iglesia, realizamos la siguiente pregunta a un grupo de niños: ¿qué es el ser humano?
Después de un rato con cara de póker y sin saber exactamente qué contestar comenzaron con descripciones físicas añadiendo alguna que otra frase hecha que seguramente habrían escuchado decir a los adultos.
Si fueras tú quien tuvieras que responder ¿qué dirías que eres? ¿tu respuesta sería muy distinta a la de los niños? Quizá la pregunta esté mal planteada y sea mas correcta: ¿quién dirías que eres? ¿Has pensado alguna vez aquello de “en quién me habría convertido si me hubiera criado otra familia, en una cultura totalmente distinta o en otra época”? ¿hubiera sido el mismo yo? Lo mas seguro es que fueras una versión de ti bastante diferente. Darle vueltas a estas preguntas me ha llevado a caer en algo que no está precisamente muy de moda hoy día: la empatía.
Te encuentras atrapado entre una inmensa multitud y hay que moverse, da igual hacia donde, lo importante es salir de ahí… todos piensan exactamente lo mismo que tú y en ese instante parece que el “instinto animal” se activa y la razón humana desaparece. Comienzan los gritos, empujones, pisotones y cunde el pánico… Si en este caso predominara nuestra humanidad (esa empatía que escasea) todo el mundo saldría ileso e incluso con una sonrisa en la cara por haber cooperado unos con otros para salir.
Es curioso que, en general, se tienda a ser egoísta en cuanto nos encontramos dentro de un grupo de personas con intereses semejantes a los nuestros. Desgraciadamente es una actitud latente desde la aparición del pecado, sobretodo en la sociedad individualista en la que nos movemos. Se dice que es el instinto el que nos lleva a comportarnos muchas veces de la manera menos apropiada sin embargo, estamos diseñados de una forma totalmente contraria a esa tendencia. Si observamos los sentidos que tenemos, unidos a la razón, podremos ver un nexo directo entre nuestra persona y el exterior, no se trata de una maquina de absorber intereses individuales, sino de capacidades que nos ayudan a "proyectar" (al exterior) y a que nos "proyecten" (del exterior) para un bien común.
Un claro ejemplo es la vista, los ojos son como una cámara que registra lo que esta afuera de ese "yo", como un espectador que va al cine y a quien normalmente le gusta sentirse identificado con el personaje, pero la cámara no debe de hacerse notar (voilleur). En la vida diaria también debería de ser así, tendría que ser mas sencillo el ponernos en la piel de aquellos que son diferentes a nosotros, somos capaces de sentir empatía por un personaje de ficción y nos cuesta horrores sentirla por alguien real de carne y hueso.
Por lo tanto, la próxima vez que nos encontremos dentro de una “multitud”, echemos el freno antes de contestar al de al lado con gritos y pisotones, porque las personas que nos rodean, con creencias opuestas, caracteres distintos, personalidades peculiares pero quizá con objetivos semejantes, podrían ser esa otra versión de nosotros, si hubiéramos crecido en una familia, en una cultura o en una época diferente.

"Haced con los demás como os gustaría que los demás hicieran con vosotros; porque en eso se resumen la ley y los profetas"
Mateo 7: 12

sábado, 6 de marzo de 2010

Había una vez un "continuará"


No hay cambios... todo continúa igual como si nada hubiera pasado...
Parece que aquello que sucede en tu pequeño mundo interior no va a determinar en absoluto lo que te rodea... bueno, quizá simplemente el hecho de cómo quieras verlo. El mundo no se ha detenido ni un mísero segundo para mirar hacia atrás...
Los medios de comunicación continúan su ritmo frenético de emisiones y en ellas no se incluye nada de lo que te trae de cabeza. Tus creencias entran en una fase de “praxis” donde se ponen a prueba y donde logras saber verdaderamente si tienen un fin o son sólo una "teoría" pasajera que ha vagado a lo largo de tu vida hasta ahora.
Los pensamientos te inundan la mente, toda clase de sentimientos contradictorios sacuden tu cuerpo y las preguntas filosóficas que alguna vez te hiciste en momentos muy puntuales surgen de golpe...

Todavía le puedo escuchar silbar por los pasillos de casa, cantar “mamy blue” y tocar la armónica los domingos por la tarde. Recuerdo cuando de pequeña me llamaba mocosa cada vez que me sonaba los mocos y su barba de tres días que raspaba mis mejillas cuando iba a darme un beso. Todavía veo mi manita cuando tenía 6 años sujetando su gigantesco dedo índice cada vez que salíamos a dar un paseo o me llevaba al colegio. Lo exagerado que era a la hora de ponerse mantequilla en las tostadas del desayuno todas las mañanas. El poco atino que tenía cuando se vestía con su chandal azul y de calzado se dejaba los zapatos negros del sábado. La ausencia de malas críticas en su boca hacia cualquier persona y su constante buen humor. El amor hacia mi madre demostrandolo en pequeños detalles después de llevar 20 años casados.
Su paseo matutino con Biblia en mano y su tendencia a tumbarse en cualquier lugar donde hubiera césped. Su historia personal con Dios (para escribir un libro...). La visión optimista que tenía de la vida a pesar de su enfermedad. Su predisposición a ayudar a cualquiera sin ningún tipo de prejuicio y de hablar a todo el que tuviera oportunidad del amor de Dios sin preocuparle el que dirán.

Ya han pasado casi siete años y aunque a veces parece que los recuerdos se van desvaneciendo con el tiempo, hay cosas que siguen grabadas en la mente y en el corazón y que de vez en cuando te vuelven a bombardear de manera intermitente sin saber exactamente el porque.

No fuimos diseñados para morir ni para comprender el sentido de la muerte, por eso sólo puedo encontrar consuelo en el “continuará”. No existe nada en este mundo que pueda superar ese deseo personal...

Si de algo puede servir experimentar este tipo de sentimiento de vacío es intentar llenarlo con el amor de otro Padre, de un Padre celestial que está dispuesto a darnos todo aquello que nos falta para poder estar más cerca de Él hasta que vuelva a juntarnos con aquellos que un día vimos partir...

"Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos con paciencia lo aguardamos"
(Ro.8:24-25)

martes, 19 de enero de 2010

La década de nuestras vidas



Acaba de comenzar el último año de la primera década del segundo milenio d.C. y con ella los recuerdos y las imágenes de algunas fotos desgastadas vienen a la mente...
Sinceramente, todavía no he asimilado de que ya hayan transcurrido casi 10 años, y sólo puedo decir aquello de “parece que fue ayer”...
Parece que fue ayer cuando un@ entraba por primera vez al instituto cual novat@ perdid@ donde los de COU o Segundo de Bachiller eran “los mayores”; parece que fue ayer cuando la preocupación más grande que se podía tener era la de encajar; parece que fue ayer cuando se pretendía aparentar más edad de la que en realidad se tenía; parece que fue ayer el primer día de universidad en el que todavía se era un@ adolescente con ganas de cambiar el mundo...

A lo largo de esta década cada cual ha vivido sus propias experiencias personales buenas y no tan buenas, que l@ han llevado por el camino de la madurez o, en algunos casos, de la inmadurez, que l@ han acercado o alejado de Dios...
Prejuicios y situaciones que han hecho cambiar drásticamente la opinión pasada que se tenía sobre el sentido de la vida, sobre los comportamientos humanos o sobre ciertas personas.
Algunos han terminado sus carreras, otros se han casado y otros han tenido hijos; algunos las tres cosas y otros ninguna de las tres, pero todos, absolutamente todos, con recuerdos de la misma índole: lugares entrañables; situaciones irrepetibles: graciosas, tristes e incómodas; amistades pasajeras; amistades duraderas; amistades fraternales y para toda la vida; familiares alejados y seres queridos perdidos...

Y aunque muchos de nosotros no lo queramos aceptar, esta década ha sido la década en la que nos hemos convertido en adultos con un carácter más o menos definido cuya forma se ha ido forjando con el paso de las horas de una conversación intensa con un@ amig@, compañer@ e incluso con algún@ desconocid@.

Pero aunque añoremos años pasados, amigos y familiares; aunque echemos de menos situaciones con aquellas personas que una vez se cruzaron en nuestra vida; aunque comencemos a abrirnos camino en este mundo de locos y nos hayamos convertido en esos “mayores” que una vez nos inspiraron seguridad mientras les observabamos desde nuestra pequeña altura... hay una cosa que no ha cambiado y no cambiará nunca: el Señor ha estado a nuestro lado desde que abrimos por primera vez los ojos. A pesar de las bajadas y subidas de este corto recorrido seguiremos siendo los "jóvenes inmaduros" a quienes tendrá que sujetar. Él continuará a nuestro lado habiendo sido el único amigo que ha presenciado, presencia y presenciará cada detalle de toda nuestra existencia...


“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”

Isaías 41:10