
Hace algún tiempo, y con motivo de un programa especial para la iglesia, realizamos la siguiente pregunta a un grupo de niños: ¿qué es el ser humano?
Después de un rato con cara de póker y sin saber exactamente qué contestar comenzaron con descripciones físicas añadiendo alguna que otra frase hecha que seguramente habrían escuchado decir a los adultos.
Si fueras tú quien tuvieras que responder ¿qué dirías que eres? ¿tu respuesta sería muy distinta a la de los niños? Quizá la pregunta esté mal planteada y sea mas correcta: ¿quién dirías que eres? ¿Has pensado alguna vez aquello de “en quién me habría convertido si me hubiera criado otra familia, en una cultura totalmente distinta o en otra época”? ¿hubiera sido el mismo yo? Lo mas seguro es que fueras una versión de ti bastante diferente. Darle vueltas a estas preguntas me ha llevado a caer en algo que no está precisamente muy de moda hoy día: la empatía.
Te encuentras atrapado entre una inmensa multitud y hay que moverse, da igual hacia donde, lo importante es salir de ahí… todos piensan exactamente lo mismo que tú y en ese instante parece que el “instinto animal” se activa y la razón humana desaparece. Comienzan los gritos, empujones, pisotones y cunde el pánico… Si en este caso predominara nuestra humanidad (esa empatía que escasea) todo el mundo saldría ileso e incluso con una sonrisa en la cara por haber cooperado unos con otros para salir.
Es curioso que, en general, se tienda a ser egoísta en cuanto nos encontramos dentro de un grupo de personas con intereses semejantes a los nuestros. Desgraciadamente es una actitud latente desde la aparición del pecado, sobretodo en la sociedad individualista en la que nos movemos. Se dice que es el instinto el que nos lleva a comportarnos muchas veces de la manera menos apropiada sin embargo, estamos diseñados de una forma totalmente contraria a esa tendencia. Si observamos los sentidos que tenemos, unidos a la razón, podremos ver un nexo directo entre nuestra persona y el exterior, no se trata de una maquina de absorber intereses individuales, sino de capacidades que nos ayudan a "proyectar" (al exterior) y a que nos "proyecten" (del exterior) para un bien común.
Un claro ejemplo es la vista, los ojos son como una cámara que registra lo que esta afuera de ese "yo", como un espectador que va al cine y a quien normalmente le gusta sentirse identificado con el personaje, pero la cámara no debe de hacerse notar (voilleur). En la vida diaria también debería de ser así, tendría que ser mas sencillo el ponernos en la piel de aquellos que son diferentes a nosotros, somos capaces de sentir empatía por un personaje de ficción y nos cuesta horrores sentirla por alguien real de carne y hueso.
Por lo tanto, la próxima vez que nos encontremos dentro de una “multitud”, echemos el freno antes de contestar al de al lado con gritos y pisotones, porque las personas que nos rodean, con creencias opuestas, caracteres distintos, personalidades peculiares pero quizá con objetivos semejantes, podrían ser esa otra versión de nosotros, si hubiéramos crecido en una familia, en una cultura o en una época diferente.
"Haced con los demás como os gustaría que los demás hicieran con vosotros; porque en eso se resumen la ley y los profetas"
Mateo 7: 12

