martes, 19 de enero de 2010

La década de nuestras vidas



Acaba de comenzar el último año de la primera década del segundo milenio d.C. y con ella los recuerdos y las imágenes de algunas fotos desgastadas vienen a la mente...
Sinceramente, todavía no he asimilado de que ya hayan transcurrido casi 10 años, y sólo puedo decir aquello de “parece que fue ayer”...
Parece que fue ayer cuando un@ entraba por primera vez al instituto cual novat@ perdid@ donde los de COU o Segundo de Bachiller eran “los mayores”; parece que fue ayer cuando la preocupación más grande que se podía tener era la de encajar; parece que fue ayer cuando se pretendía aparentar más edad de la que en realidad se tenía; parece que fue ayer el primer día de universidad en el que todavía se era un@ adolescente con ganas de cambiar el mundo...

A lo largo de esta década cada cual ha vivido sus propias experiencias personales buenas y no tan buenas, que l@ han llevado por el camino de la madurez o, en algunos casos, de la inmadurez, que l@ han acercado o alejado de Dios...
Prejuicios y situaciones que han hecho cambiar drásticamente la opinión pasada que se tenía sobre el sentido de la vida, sobre los comportamientos humanos o sobre ciertas personas.
Algunos han terminado sus carreras, otros se han casado y otros han tenido hijos; algunos las tres cosas y otros ninguna de las tres, pero todos, absolutamente todos, con recuerdos de la misma índole: lugares entrañables; situaciones irrepetibles: graciosas, tristes e incómodas; amistades pasajeras; amistades duraderas; amistades fraternales y para toda la vida; familiares alejados y seres queridos perdidos...

Y aunque muchos de nosotros no lo queramos aceptar, esta década ha sido la década en la que nos hemos convertido en adultos con un carácter más o menos definido cuya forma se ha ido forjando con el paso de las horas de una conversación intensa con un@ amig@, compañer@ e incluso con algún@ desconocid@.

Pero aunque añoremos años pasados, amigos y familiares; aunque echemos de menos situaciones con aquellas personas que una vez se cruzaron en nuestra vida; aunque comencemos a abrirnos camino en este mundo de locos y nos hayamos convertido en esos “mayores” que una vez nos inspiraron seguridad mientras les observabamos desde nuestra pequeña altura... hay una cosa que no ha cambiado y no cambiará nunca: el Señor ha estado a nuestro lado desde que abrimos por primera vez los ojos. A pesar de las bajadas y subidas de este corto recorrido seguiremos siendo los "jóvenes inmaduros" a quienes tendrá que sujetar. Él continuará a nuestro lado habiendo sido el único amigo que ha presenciado, presencia y presenciará cada detalle de toda nuestra existencia...


“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”

Isaías 41:10

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